jueves, 23 de octubre de 2014

sobre mí

Nací un buen día del año 1990. Digo bueno porque el resultado fue óptimo, me atrevería a decir el mejor, para luego ser transportado a una pequeña vivienda de la ciudad de Vitoria, relegado nada más y nada menos que a una habitación vacía.

Y ahí estaba yo, todavía desprendía el aroma de la madera y el barniz, y únicamente era capaz de percibir la forma en la que había sido despreciado por los que habitaban en aquella casa.

Hasta que llegó ella.

Recuerdo perfectamente esa fecha. Fue el día 14 de Marzo de 1991 y decidieron llamarla Maider. Era muy pequeña, pero gracias a ella, al fin pude ejercer mi función. Me llenaron de pijamas, sacos, vestidos y faldas, pero todo ello a escala diminuta.

Lo divertido comenzó cuando aquella pequeña fue creciendo, y aquellas prendas que iba atesorando, que por cierto, empezaban a ser muy numerosas, iban reflejando su personalidad.

Porque de su personalidad sé muchas cosas, y no sólo por la ropa.

He visto desorden, pero también he visto orden.  He visto a amores y a amigos, y a personas que luego no serían bienvenidas. He percibido los días buenos, pero también los días malos. Y sí, he visto peleas. Cantidad de peleas. Muchas peleas. Y lo más sorprendente es que el causante, aunque indirecto, era yo, que abría mis puertas a manos ajenas. Aquellas manos, aunque familiares, no debían de estar permitidas dentro de mis dominios, pero el problema surgía cuando algunos días estaban permitidas, y otras no. Y yo no sabía cuáles eran esos días. Aquellas manos pertenecían a la hermana de Maider, y entre las dos podían volverme loco.

Sin embargo, algunas de sus aportaciones fueron bien recibidas tras mis puertas, y junto a todo lo demás, se  fue desarrollando la identidad y el estilo de Maider.

Porque esa es la razón por la que estoy realizando este blog, para hablar sobre identidad y personalidad, pero sobre todo, de estilo.

Y lo que más deseo es que les guste.